jueves, 22 de junio de 2017

QUISIERA…






Autor: Wilmer Tulcanaza  


Quisiera ser la luz
Que guía tu camino,
Llenar de alegría tu juventud
Y embriagarte de amor como el vino.

Quisiera ser la estrella
Para ver tu tristeza,
Para vigilarte, a ti, doncella
Y verte siempre más bella.

Quisiera ser el sol
Que alegra tus mañanas
Y día a día darte amor
Que te haga volar como si tuvieras alas.

Quisiera ser el aire
Par mi alma refrescar,
Ser en tu vida un lindo baile
Para que me puedas amar.

martes, 20 de junio de 2017

DESEOS



Quisiera ser la tranquilidad
para pensar sin distracción,
entender la infinidad
de lo que trae la creación.

Quisiera ser un edificio
para ver pasar el tiempo,
y hacer el pacto del oficio
al ver la gente pasar cada momento.

Quisiera ser la vida
que recorrerá tu camino,
y cuando encuentres la salida
sabrás en lo que has creído.

Quisiera ser el día
para despertar a todos
y saber que hay un guía
para seguir de todos modos.

Quisiera ser tus sueños
para que pienses en mí,
para quitarte los miedos
y clavarte el anhelo
de no poder vivir sin mí.
Autor: Mateo Revelo
 

martes, 13 de junio de 2017

POEMAS




SENSACIONES
Autor: Stalin Salazar

Quisiera ser el sol
para calentarte en las mañanas,
sentir lo que es verdadero amor
y tenerte junto a mí… muy cercana.

Quisiera sentir lo que percibe tu tacto,
tenerte junto a mí, de frente;
besarte y contigo tener contacto
para decirte que mi corazón no miente.

Quisiera ser el viento
para sentir la suavidad de tus labios,
no ser un triste lamento,
pero en el amor ser un verdadero sabio.

Quisiera ser quien conquiste tu vida,
y como un bravo príncipe azul
llegar a la torre más alta, a la cima,
y rescatarte de toda ingratitud.



lunes, 22 de mayo de 2017

El abeto inconforme



EL ABETO INCONFORME
Había un abeto, joven y elegante, que vivía infeliz en el bosque. Los niños pensaban que era muy bello y les encantaba jugar con él, pero el abeto sólo pensaba en crecer rápido; quería ser un árbol grande para que lo convirtieran en el mástil de un barco y así recorrer el mundo y visitar muchos países. Después, si se cansaba, le gustaría ser un gigantesco árbol de navidad que lleno de colorido y luces, colocarían en una plaza grandiosa para que todo el mundo lo admirara.
Siempre insatisfecho, era incapaz de escuchar las canciones de los pájaros y no lograba disfrutar con las caricias de la brisa, del sol y de la lluvia. Sólo deseaba que lo cortaran y se lo llevaran, para así huir de esa monotonía., ¡Cómo sufría el infeliz cuando veía que se llevaban a otros árboles del bosque, sin duda menos hermosos y esbeltos que él!
Por fin, un día, llegó un hombre con un hacha, se fijó en él, asintió con la cabeza, lo cortó y se lo llevó a su casa. Era navidad y allí lo adornaron con luces y bambalinas, y él se moría de las ganas de que anocheciera para relucir, y luego que fuera de día para que los niños vinieran a recoger sus regalos... Cuando estaba ya fastidiadísimo de esa monotonía de días iguales donde ya nadie alababa su belleza, sintió que un día lo desnudaban de todos los adornos y su corazón empezó a latir de la emoción porque pensaba que lo iban a llevar a conocer otros lugares.
Para su tristeza y decepción, lo retiraron de la casa y lo llevaron a un desván. Le costó mucho aceptar que lo habían abandonado y lloraba desconsoladamente de rabia. Unos ratones intentaron consolarlo, le propusieron ser sus amigos y le invitaron a jugar y a divertirse, pero el abeto infeliz pensaba que él había nacido para algo mucho más importante que jugar con unos pobres ratones y vivía en solitario su desencanto.
Cuando por fin, alguien entró a buscarlo, pensó que lo iban a plantar de nuevo o que lo llevarían a recorrer el mundo, pero lo picaron en pedazos e hicieron con él leña. “Se acabó, se acabó –pudo quejarse antes de morir- ¡Si me hubiera alegrado cuando aún podía!”                                                 (Cuento de Christian Andersen)